Las Mascaradas

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Mascaradas en Cartago de 1910 de Jesús Valerín Roldán

Las Mascaradas son una tradición que ha calado en la cultura del tico, como entretenimiento popular que suele hacer su aparición en “turnos” o fiestas patronales. Pero la práctica de las Mascaradas en el Valle Central parece ser el resultado de la influencia de las prácticas festivas no solo coloniales sino también indígenas.

“La máscara conjuga dos atributos: arte y rito unidos al ser humano como objeto simbólico más allá de ser una mercancía u objeto meramente estético.

Su uso como objeto ceremonial,  funerario, en rituales mágicos-religiosos, agrícolas o de cacería, representaciones teatrales, festejos populares y carnavales la determina como un objeto polifuncional con una función social y manifestación universal de la cultura.”

Roberto Alonso

Fiestas precolombinas

En la era precolombina, los habitantes indígenas celebraban sus fiestas con máscaras, donde se representaban con ellas tanto figuras zoomorfas como antropomorfas. Un vivo ejemplo que aún mantiene esta tradición, es el pueblo indígena de Boruca y Rey Curré, en el sureste del país, con la celebración del “Juego de los Diablitos”  o “Cabrú˘ rójc”.

En esta festividad dos personajes principales aparecen en escena con sus máscaras, el toro, que representa al español fuerte pero ingenuo y que lucha contra el indígena “diablillo”, astuto y pícaro. Durante tres días reúne teatro, danza, artesanía, comida y bebida, relato, canto y máscaras.

 

Mantudos y Parlampanes

Antes del surgimiento de las mascaradas que conocemos hoy, ya existían los Parlampanes y los Mantudos como tradiciones populares del Valle Central. El origen de estos personajes tuvo lugar en La Puebla de Cartago, barrio de indígenas, pardos, negros y mulatos durante las fiestas en honor a la Virgen de los Ángeles. Estos personajes surgen como parte del sincretismo de las festividades coloniales e indígenas de la época.

Los Parlampanes eran vecinos de condición humilde que vestían disfraces ridículos, especialmente máscaras representativas de animales. Bailaban y correteaban entre el público antes de dar inicio las fiestas taurinas de la época colonial, en Cartago.

Los Mantudos por su parte, eran personas que se cobijaban de pies a cabeza con una manta de colores a la que hacían huecos en los ojos y en la nariz. Eran parte de la Semana Santa en la ciudad de Cartago y se encargaban de invitar a la gente y anunciar las fiestas populares, en un pasacalles.

Por aquel entonces, los “payasos o mantudos” más populares eran los gigantes, la mamá del diablo, el diplomático, el fotógrafo, el policía, la muerte, el tigre, la mujer, el toro guaco, los enanos y la bruja.

 

Las mascaradas coloniales y modernas

Según los historiadores Rodrigo Muñoz y Franco Fernández, en las primeras décadas de 1800 Rafael “Lito” Valerín, relojero, hojalatero y artesano de marionetas de jícara, se le ocurrió crear las mascaradas para celebrar las fiestas de “La Negrita” (La Virgen de Los Ángeles) en la ciudad de Cartago.

No se sabe exactamente cuándo pasó don Lito de artesano a mascarero, pero según narra su nieto, fue por un milagro: Al entrar a la Iglesia de los Ángeles en un rincón encontró una cabeza de una máscara original de España, a la que hizo un armazón de madera y así surgió uno de sus primeros personajes: la “Giganta”.

Don Lito decidió retomar la tradición de los mantudos, los empezó a sacar con sus máscaras para recibir a los peregrinos durante las celebraciones.

En 1910, Jesús Valerín, hijo de Rafael, quien continúo con la tradición de su padre, decidió organizar el primer carnaval de máscaras para levantar los ánimos, luego del histórico terremoto que ocurriera en la ciudad.

De ahí en adelante las mascaradas se esparcieron como actividad de entretenimiento en muchas de las fiestas patronales, principalmente en algunos pueblos de San José, Cartago, Barva, Aserrí y Escazú, con el fin de recolectar recursos económicos para sufragar gastos del pueblo.

Las actividades religiosas se alternaban con el sonido de bombetas, las cimarronas y los alegres pasacalles de mascaradas en los que los payasos perseguían a los asistentes repartiendo chilillazos.

 

Fiesta el 31 de octubre

Hoy en día los personajes tradicionales de las mascaradas celebran su fiesta el 31 de octubre, gracias a un decretó en 1996 que declara esta fecha como el día de la Mascarada Tradicional Costarricense, con el objetivo primordial de promover el conocimiento de las diferentes manifestaciones culturales existentes en el país, un esfuerzo para recuperar y consolidar la identidad cultural del ser costarricense.

 

Masquerades in Costa Rica

The Masquerades are a tradition that has permeated the culture of tico, as popular entertainment that usually make their appearance in “turns” or festivities. But the practice of masquerades in the Central Valley appears to be the result of the influence of not only colonial but also indigenous festive practices.

“The mask combines two attributes: art and ritual attached to the human being as a symbolic object beyond being a commodity or object merely aesthetic.

Its use as a ceremonial object, funerary, ritual magic-religious, agricultural or hunting, theater performances, folk festivals and carnivals is determined as a multifunctional object with a social function and universal manifestation of culture. ”

Roberto Alonso

 

Pre-columbian Festivities

In pre-Columbian era, indigenous people celebrated their festivals with masks, where they both represented with zoomorphic and anthropomorphic. A living example that still keep this tradition, is the indigenous village of Boruca and Rey Curre, in the southeast, with the celebration of “Game of the Little Devils” or “Cabrú˘ Rojc”.

In this festival two main characters appear on stage with their masks, the bull, which represents the strong but naive Spanish struggle against “little devil”, cunning and mischievous indigenous. For three days there´s theater, dance, crafts, food and drink, story, song and masks.

 

Mantudos and Parlampanes

Before the emergence of the masquerades we know today, there were already Parlampanes and Mantudos as popular traditions of the Central Valley. The origin of these characters took place in La Puebla de Cartago, a smalle village of indigenous, blacks and mulattos, during the celebrations in honor of Our Lady of the Angels. These characters emerge as part of the syncretism of colonial and indigenous festivals of the time.

The Parlampanes were lowly neighbors wearing ridiculous costumes, especially representative animal masks. They danced and ran around among the audience before beginning the bullfighting from colonial times, in Cartago.

The Mantudos meanwhile, were people who were sheltered from head to toe with a blanket of colors on which they made holes in the eyes and nose. They were part of Holy Week in the city of Cartago and were responsible for inviting people and announce festivals, in a parade.

At that time, the “clowns or mantudos” most popular were the giants, the mother of the devil, the diplomat, the photographer, the police, death, tiger, women, guaco bull, dwarf and the witch.

Colonial and modern masquerades

According to historians Rodrigo Muñoz and Franco Fernandez in the first decades of 1800 Rafael “Lito” Valerín, watchmaker, tinsmith and artisan of puppets from jícaras, occurred to create the masquerades to celebrate the holidays of “La Negrita” (The Virgin of Los Angeles) in the city of Cartago.

It is not known exactly when Don Lito switched from craftsman to mask maker, but as he relates his grandson, was due to a miracle: Entering the Church of the Angels in a corner he found a head of an original mask of Spain, for which he made a wooden frame and so did one of his early characters: “La Giganta”.

Don Lito decided to resume the tradition of mantudos, the began showing his masks for pilgrims during the celebrations.

In 1910, Valerín Jesus, son of Rafael, who continued the tradition of his father, decided to organize the first carnival masks to cheer up the people after the historic earthquake occurred in the city.

Thereafter masquerades spread like entertainment activity in many of the festivities, mainly in some towns of San José, Cartago, Barva, Aserri and Escazu, in order to collect financial resources to cover expenses of the villages.

Religious activities alternated with the sound of bomblets, cimarronas and cheerful parade of masquerades in which the clowns chasing assistants handing “chilillazos”.

 

Party October 31

Today the traditional characters of the masquerades celebrate his feast on October 31st, thanks to a decreed in 1996 that declared this date as the day of the Costa Rican Traditional Masquerade, with the primary objective of promoting knowledge of the existing cultural manifestations in the country, an effort to revive and strengthen the cultural identity of the Costa Rican.

 

Fuentes / sources:

http://www.remembranzas.net/index.php/historia/los-mantudos-mascarada-tradicional

http://si.cultura.cr/expresiones-y-manifestaciones/dia-de-la-mascarada-tradicional.html

http://www.titeresante.es/2013/11/29/los-parlampanes-mantudos-y-mascaradas-de-costa-rica/

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